martes, 3 de abril de 2012

Cuando menos se espera, se encuentra lo que no se busca

Curvas perfectas

Ese día en el trabajo no pareció medirse en minutos y horas, sino que fue un sinfín de problemas, trastornos, clientes enojados y reclamos aireados. No me hubiera sorprendido de enterarme que todos las compradores problemáticos e insatisfechos hubieran realizado una asamblea extraordinaria y decidió arruinarme el viernes. Pero ya había terminado, cuando los primeros segundos superaron la marca de las seis de la tarde. Aliviado, caminaba lento pero firme, con el goce del que no tiene prisa. Llegar a mi casa unos minutos antes o después carecía de importancia, solo quería que mi cuerpo sintiera finalmente paz y que mis pulsaciones bajaran al abismo que estaban acostumbradas.

Perdido en mis pensamientos y en la música que venían de mis auriculares, avance en el estupor del que nada ve, y simplemente deja que su andar mecánico frene en las esquinas y esquive transeúntes. Todo parecía ajeno, de otro mundo, claro, hasta que la vi. Nunca había sido víctima de una descarga eléctrica, pero se me antojó que debería de ser algo similar. Sentí como los pelos de los brazos se me erizaban frenéticos apuntando al cielo, mientras un sudor frio se empeñaba por cubrir toda mi espalda. Me quede parado mirándola, no se por cuanto tiempo, quizás demasiado. Su impactante figura me había dejado pasmado, aún cuando el reflejo de la vidriera condicionaba mi vista. Echando mano a una fuerza de voluntad extraordinaria pude apartar los ojos hacia arriba, simplemente para identificar de qué índole era la tienda que la acunaba bajo su techo.

Una casa deportiva, con razón su belleza” creí escucharme decir en voz alta, aunque solo fuera un pensamiento. “Se valiente, entrá entrá” me gritaba algo desde adentro, logrando que mi cabeza se convirtiera en una orquesta de ecos confusos y estridentes.

No pude moverme, los pies me desobedecieron como niños mal criados. “vamos, vamos, ¡reacciona tonto!” la última palabra fue la que despertó a mis pasos, que en una cadena sucesiva me llevaron, con andar temblorosa, al interior del local.

Una vez que la vidriera dejó de apartarnos, a ella y a mí, pude notar como se me humedecían las manos. Intenté hablar y no pude, solo avanzaba, como si ella, en su cuerpo curvado, poseyera todas las propiedades del magnetismo. Tan poderosa era aquella atracción que no pude detenerme, tan poco quería hacerlo. No lo pensé, mucho menos medí las consecuencias, simplemente mi cuerpo se movió al compás del instinto más primario de tomar lo que uno desea. Abrí mis brazos y los cerré suavemente a su alrededor. La firmeza, su firmeza, me puso la piel como la de una gallina. Aquella superficie tierna y lisa, pero a la vez poderosa y torneada, congeló todos mi ser, volviéndolos inútiles. Me hizo incapaz de decir o hacer algo más que apoyar mi cachete sobre ella, para sentir su frescura y perfección lo más cerca posible.

Es como estar soñando” Todos mis sentidos, excepto el tacto, se dieron a la fuga. Mis ojos, cerrados, no querían abrirse para no contaminar este momento con visiones del mundo real. Ni mi nariz ni mis oídos pudieron cumplir sus funciones, abrumados por la felicidad y el estupor del momento. El gusto, aquel sentido de lo más carnal, simplemente me dijo que el éxtasis me había dejado la boca seca, casi desquebrajada.

Hubiera podido morir de viejo ahí mismo, ignorando a los años mientras pasaban, parado en medio del local abrazado a sus curvas, tan eternas como perfectas. Si, hubiera deseado eso, hasta que una delicada mano se posó en mi hombro, obligándome a despertar. Lo primero que escuché fue su voz, para después abrir los ojos y cruzarme con su rostro.

- Disculpame… ¿La vas a llevar?- me preguntó entrecortada la menuda joven, vestía una chomba roja con el símbolo de la casa deportiva impreso sobre su costado izquierdo.

Recibí la pregunta como si hubiera sido la mayor estupidez alguna vez dicha.

¿Cómo podría no llevarla? Acaso no se da cuenta esta chica que mi vida nunca más podría seguir alejada de ella?”

- Claro… por supuesto- Si bien mis pensamientos eran fieros y abruptos, mi voz se notó insegura e infantil, me sentía extrañamente deslumbrado por los enormes ojos color arena de la vendedora, que me miraban con ternura.

- Buenísimo, Acaba de llegar ¿sabes?, sos el primero que se la lleva- Su sonrisa era abundante y ordenada, solo con eso logró que finalmente yo deshiciera mi abrazo, que hasta hacia un momento lo había imaginado eterno.

Sin mediar más palabras la seguí hasta la caja y le di tanto mi tarjeta de débito como mi documento. Con movimientos diestros, la joven vendedora me extendió un papel para firmar. Cuando se lo devolví, a cambio, me dió otro como comprobante.

- Que la disfrutes- me dijo, mientras me alcanzaba una bolsa con una gran figura redonda en su interior, regalándome una última pero encantadora sonrisa.

- Gracias- Le respondí, con la voz entre animado y nervioso.

Varias cuadras alejado del local todavía en mi cabeza retumbaban sus palabras y sus ojos.

“¿Qué la disfrute? ¿Quién no podría hacerlo? ¡Era la pelota que se iba a usar en el próximo mundial! La jobo bonito XP 2.1, con doble aleación de cuero, costuras invisibles y corteza esponjosa. Toda la ultima tecnología junta que lograba que fuera tanto fácil de manejar como mortíferamente complicada de atajar.

De repente, y ya vuelto a tener los pies sobre la tierra, recordé que ese mes todavía no había cobrado y no le había preguntado a la bonita vendedora ni siquiera cuanto costaba la pelota. Tal era mi excitación que podría haberle pagado todo lo que tenía y más por ella. Con mucho más de curioso que de tacaño, revolví l

a bolsa y al tacto encontré el comprobante de pago que me había dado con la compra.

Miré el precio detenidamente y pensé que no estaba tan mal, debido a su hermosura. Pero algo más llamó mi atención, una pequeña linea de tinta azul se translucía en el fino papel. Cuando lo di vuelta me encontré con la fina e inconfundible caligrafía de una mujer.

15 6648 1351 llamame, Sofía”

- No… no estaba tan mal… debido a su hermosura

1 comentario:

Hernán dijo...

Casi me sorprende por completo, pero al llegar el momento de la revelación me anticipé y supe que no era una mujer. Aunque lo de la vidriera lo anticipaba.
Muy bueno el desenlace, ganador el pibe. También me gustó que en la vorágine de hipnósis ni siquiera se fijó cuánto salía la pelota. ¡cuentazo!