martes, 18 de noviembre de 2008

Libro

Las intermitencias de la muerte – José Saramago

La premisa de la que parte de este, como varios libros de Saramago, es la misma. “¿Y que pasaria si…”

En este caso, en un mundo como el que todos vivimos y conocemos. En un pais como cualquiera y en una tipica ciudad, la muerde decide dejar de matar. El indice de mortalidad se vuelca rapidamente hacia el cero absoluto. A priori parece una bendición, una inmortalidad sin escapatoria ni retorno, gratis. La gente festejaba, perdia el miedo, hacia locuras en post de la no muerte. Pero cuando todo eso pasa… ¿Qué queda?. Las personas que deberian morir no lo hacen aunque sus cuerpos asi lo dispongan, los infartos siguen existiendo, aunque no matan. Las heridas mortales siguen sangrando, aunque no se cobran mas victimas. Solo un estado vegetativo absoluto, un sueño eterno del que no pueden escapar, asi sea respirando o dejandolo de hacer.

Todo se desmorona, la gente entra en pánico. La vida sigue. Las industrias ligadas a la muerte son forzados a cambiar sus conceptos mas primitivas para subsistir. Los cementerios se encuentran a si mismos congelados, sabiendo que no albergarian mas ni menos muertos de los que son ahora. Las empresas de seguro de vida descubren que lo que era un negocio ahora era una estafa. Los geriatricos, maestros en ser techo del moribundo ansiando tener nuevamente una cama libre, dia tras dia son desvordados de ancianos que desean mas morir que vivir.

La muerte no mata mas, pero el tiempo sigue siendo cruel.

Todo parece sumergido en la peor crisis que jamas el mundo se haya imagino, y nadie entendia porque. Hasta que la muerte aparece, como existencia, como mujer, como ser pensante. Decide, rompiendo con las reglas universales mas sagradas, instaurar un nuevo regimen de abandono de la vida. Dando a sus proximas victimas, la conciencia de su destino y el tiempo suficiente para cortar sus tantas conexiones con el mundo de los vivos.

La muerte es lista, la muerte es poderosa, la muerte demostro lo imprescindible que es su mal conceptuada tarea, pero por sobre todas las cosas, la muerte es mujer. Y es esta caracteristica, ese detalle, ese sexo distintivo, lo que hara que todo siga cambiando. Para bien, para mal, para siempre.

En fin. Llevedero, atrapante tematica, loco hasta delirante, poetica, da que pensar a sus lectores.

HP (humilde puntaje): 8

Sin mas.


miércoles, 5 de noviembre de 2008

Mini-Cuento, casi...solo pensamientos

"Cuando la sangre hierve, reacciona ante una circuntancia, nadie es capaz de evitar los hechos. No nacio aun el hijo del sol que pueda sobreponerse ante las adversidades simplemente llenando  rapidamente sus pulmones para luego dejar escapar el aire en un goteo intranquilo, lleno de creencias.
Los reflejos son los maestros del error. La impulsividad, su escusa disfraz. El arrepentimiento, simplemente, palabras suicidas"

Nosotros, ¿Culpables?

¿Y si actué mal? ¿y si fue solo un detalle, un desliz, algo sin importancia? Me encerré en celos, imágenes que mi mente dibujo y que me desgarraron las entrañas. Su cuerpo, su cuerpo mió golpeando a otro, a uno desconocido. Mas bien, dejándose golpear, con fuerza, firmeza, ex

altación. Sus ojos desorbitados, sus uñas buscando falsos rescates.

Sus hermosos pelos morenos, que tanto me gustaba acariciar cuidadosamente, siendo tironeados por manos bruscas en un vaivén, declarado interminable, de caderas.

Gritos, gritos y más gemidos. Mi mente crea y yo me enfurezco (el cuerpo me pesa). Pero, ¿esta bien lo que pienso? ¿El amor no es, acaso, algo mas que dos enemigos íntimos atacándose mutuamente?.

Me sucedió desear a otra mujer, debo admitirlo en voz alta. Pero nunca llegue al momento de fusionar sus sentidos con los míos, aunque si lo hubiera hecho, ¿seria infiel? Yo amo a mi mujer, que allí descansa, y ella me ama a mí. Quizás fue mi culpa, demasiado trabajo, mucho tie

mpo fuera de casa, poco sexo. ¿Estaré menos atractivo? Aquello que la excitó el primer día, que la llevo a llevarnos a esto, ¿se habrá ido sin que yo lo pueda detener? ¿será finalmente mi culpa que otro haya ocupado mi cama? No. Imposible, fue idea de esa perra (el enojo me aborda), esa maldita desagradecida. Solo exigí fidelidad, ni hijos, ni plata, ni sonrisas falsas. Solo lealtad (fidelidad contractual). Y asi me pago, con odio (amor). Dejandose deslizar por el deseo. De nada vale que lo haya admitido, que haya llorado mares de lagrimas y penas cuando me vio entrar, cansado de tanto trabajar. De nada sirvió, no, sirvió de mucho, eso es amor. Yo la amo, ella me ama a mi y no ese desgraciado.

Debería perdonarla, debería olvidarme (mis ojos se desbordan, duelen). Lo haré, luego de llevar  a mi secretaria a ese lindo hotel con el cual siempre bromeo (broma o realidad, ¿que diferencia hay?). No, Yo la amo. Que desdichado me siento, que decisiones equivocadas suelo dar. “N
o, mañana tengo un dia importante”, “No, mejor esperemos a tener una casa mas grande para tener hijos” “No, ¿para que queres trabajar?¿No estamos bien asi?” No soy menos que un maldito ogro. Pero yo la amo, todo fue por amor. Y ella ahí, descansando, sangrando por la herida, sangrando por mi dolor. Yo lloro desde mi alma, el cuchillo llora desde su filo ámbar. Es increíble todo lo que puede uno llegar a pensar mientras una soga le asfixia la vida.

Fin.

 

lunes, 13 de octubre de 2008

Cuento

Una Mariposa Violeta

Capitulo 3 de 3: Vivo pero Muerto

La noche estaba perfectamente estrellada. Una gran luna llena jugaba a ser luz de los lugares oscuros. Mi barrio siempre fue un lugar tranquilo, y más a esas horas de la noche. No mas que algún que otro pobre vagabundo explorando tachos de basura o mendigando monedas para llegar a comprar ese abrigo que se llama vino.

Una fría brisa correteaba por las calles, buscando alguien a quien provocarle un buen escalofrió. Agradecí a mi mano que sin más tiempo que segundos había agarrado mi sobretodo mas abrigado. Entre tanto ajetreo, llegue a la esquina. Pensé en doblar y dar vuelta a la manzana, como siempre hacia, pero los recuerdos de esa m

ujer sonriendo sentada sobre su trono en mi casa, hizo que deseara alejarme lo mas posible por un tiempo. No respete los semáforos, ninguna auto pasaba o pasaría por ahí a esa hora, solo yo y mis amigas las mariposas. Todo podría ser perfectamente relajante, pero no lo era. Cada vez que me volteaba para mirar dentro de algún callejón, algún recodo, algún lugar oscuro. La risa, la misma, la de la muerte, resobaba desde ese sitio. Atormentando mis sentidos y empalando mi alma. Al rato note que mis pies se estaban moviendo mas rápido de lo deberían para un paseo de trasnoche. También mi cuerpo buscaba escapar de esa sensación infernal de ser juguete de alguien que ni siquiera sabia si existía realmente o era producto de mi (finalmente) insana mente.

La transpiración volvió a mi cuerpo, helada de miedo, hirviente de ejercicio. Mis jadeos se volvieron más constantes aun y mis brazos dibujaban un recorrido cada vez mas largo, en forma de péndulo, de adelante hacia atrás. Todo seguía en aumento, hasta que un ataque de tos interrumpió mi huida. Doblado hacia delante, tosía sin paz, mientras me cubría la boca con ambas manos. Cuando termine, levante alto los brazos y dando un buen respiro me cercioré de que lo que había escupido no habían sido mis pulmones.

Al salir de mi distracción, pude notar que la risa había cesado. Mire a la derecha y nada, mire a la izquierda y nada. Hasta me atrevo a decir que una leve sonrisa se dibujo en la superficie de mi cara.

Ya más relajado aunque todavía jadeando, menos pero algo, me dispuse a volver a casa. Gire en sentido contrario y las mariposas hicieron lo mismo. Logre dar, creo, no mas de media docena de pasos cuando un ruido extraño, si, otro, llamó mi atención.

Me sorprendió no sentir miedo alguno, contrariamente a la sensación que me producía esa risa libidinosa. Y, sin dudarlo, comencé a caminar hacia el pequeño y oscuro callejón desde donde es escuchan los sonidos. Cada vez mas cerca llegue a la conclusión de estar escuchando un llanto, contenido pero puramente angustiado.
Un pequeño farol colgado iluminaba la situación con una tenue luz amarilla, sumamente nostálgica. En el interior del callejón y sentada sobre el sueño, una joven me daba la espalda, lloraba sin consuelo. Su cuerpo estaba totalmente encorvado hacia delante y sus pelos rubios le llegaban casi hasta la cintura. Me quede inmovilizado unos segundos hasta que conseguí hablar: - Hola, ¿estas bien?- mis palabras sonaron con eco en ese estrecho lugar.

No recibí respuesta alguna, ni siquiera el esperado sobresalto que pudiera recibir una linda señorita al escuchar la voz de un hombre en un callejón negro a esas horas de la noche.

- Discúlpame, yo vivo acá a unas pocas cuadras, estaba paseando y te escuche- Seguí hablando sin dejar de avanzar, hasta lograr ponerme frente a ella.

Me detuve, y usando mi mejor cara de buena persona (la que creía también se había fugado con mi risa) continué – ¿Estas lastimada? ¿Hay algo que pueda hacer?-

En un instante mi sangre se estanco. Mis venas se convirtieron en tubos de refrigeración. Mis ojos se abrieron tanto que parecían dos pálidas monedas.

Ella, sin reaccionar a mi presencia, tenia sus dos manos sobre la entrepierna, y entre ellas, un revolver apuntando directo a su estomago.

Mi cuerpo sufrió un temblor y se desplomo como si la gravedad de la tierra hubiera aumentado de golpe. Qued

e en posición felina de frente a la muchacha, que ni siquiera levanto la vista, seguía llorando sin consuelo.

-N-n-no lo hagas, no vale la pena, seguro yo te puedo ayu…- mi voz temblorosa fue interrumpida por la de ella.

-Soy un desastre, mi vida es un desastre- dijo, entre mocos y lagrimas costaba entenderle. –Mi familia no me entiende, él no me quiere, ¡estoy completamente sola!- su mentón se elevo hacia mi, aunque sus ojos se apretaban para no ver (o no dejar escapar mas lagrimas).

- ¡No seas tonta! ¡Nadie esta realmente solo!- Al escuchar eso con mi propia voz me di cuenta que mentía. Si se podía estar realmente solo, yo lo estaba desde el accidente. Estaba totalmente solo bailando con la tristeza de un brazo y con las mariposas violetas del otro. Pero no era mi intención empeorar más la ya trágica situación, así que apoye mis manos sobre los hombres de la bella joven y sin asombrarme esta vez de ser ignorado, me dispuse a dar un discurso sobre lo hermoso que es el vivir. Y luego prepararme a arder en las llamas junto con los peores mentirosos, esos que dicen una cosa y piensan otra.

- Siempre hay cosas por las cuales vivir, simplemente algunas personas son mejores que otras en encontrar estos motivos- pensé en lo convincente que sonaba y eso me dio fuerzas para continuar. –Hay gente que encuentra a su familia en los extraños, hay gente que muera diez veces por amor y se da cuenta que la onceaba vez logro renacer con mas fuerza, hay gente que logra…-

- ¡No quiero a este bebé! Que entupida fui, como pude arruinarme así la vida- gritó con el alma, angustia y dolor.

En un instante rápido pude ver como sus frágiles dedos apretaban el arma y la levantaban un poco mas apuntando a su pecho. No supe que hacer, uno ve tantas películas, pero cuando la situación lo apremia se queda obnubilado como un niño en carnaval.

No encontré razón en mis actos, solo encontré actos. Quizás mi instinto animal, lo que Freud llama el “Ello”, entendió que una muestra de cariño podría hacer reaccionar a esa chica. Así fue, como sin pensarlo, la bese. Mientras lo hacia sentí una sensación extraña, un leve cosquilleo en mis labios, no llegaba a ser ardor, pero si 

un intenso calor. Nunca aparte la vista de ella, ni cuando mi boca se posaba sobre la suya. No me miraba, tampoco cambio de expresión, seguía ignorándome.

De repente, un ruido seco retumbo con fuerza, dejando un poderoso zumbido en mis oídos. Un disparo. Seguido a este, la joven cayo como impulsada hacia atrás, dando su cuerpo un gran golpe de espaldas contra el suelo. La sangre se le escapaba como una colonia de hormigas rojas por la mortal herida, justo sobre la boca del estomago. La calle oscura se teñía rápidamente de un rojo triste y seco, y con ayuda del farol amarillo, la situación se volvía de lo más impactante. Ella había muerto entre llantos y angustia, llevándose consigo a su futuro hijo.

Ahora era yo, el que con el cuerpo encorvado hacia delante y sentado en el suelo, temblaba sin consuelo. <> pensaba frustrado.

-Acepta la muerte-

Cuando levante la mirada, ella estaba ahí, la dama de negro, parada frente a mí repitiendo lo único que m

e había dicho en toda la noche.

Junte fuerzas para volver a contestarle. Cuando de repente una verdad golpeo mi nuca con una frialdad digna de verdugos. Finalmente el miedo pasó, la transpiración helada dejo de sentirse sobre mi espalda. Mis ojos miraban la nada, que parecía estar reposada sobre el suelo.

No pude detenerla porque yo ya no soy de este mundo. Ella no me ignoraba, simplemente no me sentía. No era su muerte, o la de mi esposa, la que la dama me pedía repetidamente que acepte, sino la mía. Todo se volvió tan claro como el agua de río. No era yo el que, desde el accidente, había evitado estar o hablar con otras personas, sino que ellas lo habían hecho conmigo. Por eso podía ver las mariposas, porque eran mensajeras de La Muerte.

Tembloroso, logre incorporarme. Mire primero mis manos abiertas y luego a la dama de negro, que seguía junto a mi, atravesándome con su mirada.

- Lo acepto, llévame con ella- Mi voz, por primera vez en muchos días, sonaba de lo mas natural, hasta me atrevo a decir que llevaba una matiz de victoria.

Ella sonrió y desapareció.

Sentí como mi cuerpo se aligeraba, perdía todo su peso de una sola vez. Mire mis manos y estas se pusieron a brillar tenuemente. Me daba la sensación de estar flotando levemente sobre el suelo. Mis extremidades parecían acortarse, contraerse contra mi torso, que también disminuía. Sentí una calidez en el corazón parecida al amor.

<> pensé. Aunque rápidamente note lo estupido que era aquello. Yo ya estaba muerto desde que mi frente había golpeado contra el costado del parabrisas, aquella noche estrellada.

Estaba cambiando, no muriendo. Sufriendo una metamorfosis única en apariencia y sensaciones. Duro unos instante más y finalmente acabo, en ese momento lo entendí todo. Yo había cambiado, finalmente era una mariposa violeta.

 

Fin.

lunes, 6 de octubre de 2008

Cuento

Una Mariposa Violeta


Capitulo 2 de 3: Un segundo triste

- Si, quiero- contestó ella, con sus ojos de niña posados sobre los míos.

- Los declaro marido y mujer. Puede besar a la n…-

Y sin dejar terminar el discurso típico del reverendo, solté la pasión que mis labios se habían forzado a aguantar desde que la vi entrar del brazo de su padre, con ese vestido blanco tan angelical.

Los hombres mas jóvenes gritaban animosamente, las mujeres lloraban con el rimel desdibujado y una sonrisa curva en el rostro, y el resto simplemente aplaudía.

Por fin me había casado, luego de varios años de novios, me anime a hacer la gran pregunta hace algunos meses. Mientras que Victoria, se atrevió a aceptar.

Luego de la ceremonia, la fiesta. Alquilamos un gran salón, el mas bonito de los (me aventuro a decir) cientos que vimos. Poco a poco se acabaron las formalidades. Mi corbata colgaba de mi brazo como si yo me tratara de un boy scout subdesarrollado, mientras que mis pies hacían pasos de baile que ni ellos sabían, arremolinados, parecían decididos a sacarle aun mas brillo al piso de la pista.

Mis amigos, que siempre fueron del buen tomar, se dispusieron a animar la fiesta. Siendo el centro de atención por las constantes bromas y gritos de jolgorio, al mejor estilo futbolero. Mi tío, uno de los últimos galanes de los años 60, se paso toda la noche rondando la mesa de las amigas de mi reciente mujer. Con una mano dentro del bolsillo del saco y la otra aferrada (sino pegada) al vaso de whisky que consiguió le sirvan, le demostraba a las simpáticas jovencitas, que no había perdido las mañas.

Solo unos raptos de tristeza me nublaban el gran momento que estaba viviendo, pensaba en como disfrutarían mis padres (difuntos ambos) al ver a su único hijo casarse. Aunque estaba seguro de que se sentirían orgullosos de mi. Había elegido a la mujer más bonita y buena del mundo para compartir mi vida y formar una familia. Si bien, todavía no pensábamos tener hijos, era algo inevitable. Como ella solía decir cuando el tema salía a nuestro encuentro: “si hay amor, habrás frutos” y Dios lo sabe mas que nadie, amare siempre a esa mujer.

La fiesta termino como deben terminar todos los casamientos. Los Familiares sin cercanía de edad se fueron retirando antes que el resto. Algunos de mis amigos habían conseguido el teléfono de alguna de las chicas presentes y de (obviamente) la moza del salón. Tampoco falto el afortunado, en la infaltable situación, que dejo el baño impregnado con el aroma de la lujuria. Yo, por mi parte, me desenvolvía dentro de una feroz borrachera, que en otra situación hubiera sido motivo de escándalo y hoy era victima de elogios. Victoria, mi esposa, repetía invitado por media la frase de cabecera de la noche: “¡no lo puedo creer, estoy casada!”.

Y así concluyo la noche, ya solos ella y yo, tomamos un taxi hasta el departamento que habíamos alquilado hace ya dos meses. Si bien estábamos muy contentos por la situación, también estábamos extremadamente agotados por el día anormal que tuvimos. Así que esa noche, con tan solo unas miradas y unas sonrisas cómplices, dejamos al sexo durmiendo en el sillón, con la orden de despertarnos bien temprano al día siguiente. Debíamos preparar nuestra luna de miel.

Finalmente dos días después teníamos todo listo. Los bolsos estaban armados, el auto debidamente controlado, la comida para el viaje guardada en la guantera y la alegría impregnada en la piel. Teníamos alrededor de ocho horas de viaje hasta las cabañas que habíamos escogido para pasar toda la próxima semana.

Pensábamos salir alrededor de las diez de la mañana, para no estar en la ruta al anochecer. Pero siempre pasa algo cuando uno tiene un horario y terminamos subiendo a mi auto a eso de las dos de la tarde, sabiendo que tendríamos al menos tres horas nocturnas. La idea no le gusto mucho a mi reciente y flamante mujer, al extremo que entre líneas propuso dejar el viaje para el otro día. Pero yo, decidido, me negué. Tenía solo una semana de vacaciones en el trabajo y estaba decidido a pasarla con ella en esas preciosas cabañas. Así que nos subimos al vehiculo (un Fiat Palio color gris) y emprendimos el viaje.

Ella se mostró un poco distante al principio, fría. Aunque luego de un par de minutos logre dejar escapar de su rostro esa sonrisa que tanto me enamoró.

Todo marchaba de maravilla, a paso firme y continuo llegaríamos mas rápido de lo que había calculado, y eso significaba menos horas de viaje por la oscura ruta. Idea que me aliviaba, porque aunque me había mostrado muy decidido y tranquilo, siempre es mejor andar de día cuando no se conoce bien el camino.

Ya de noche, e intentando romper con la espesa capa de preocupación que había llenado el auto desde que la luna había tomo su lugar sobre nosotros, le dije a mi esposa, mientras con la mano derecha acariciaba su pomposa mejilla: - Estoy ansioso por llegar, necesito urgente una ducha bien fría-

- Haceme acordar que llame a mamá ni bien podamos- me contesto ella, sin apartar la mirada del camino. Que debo admitir, se veía sumamente tenebroso, y el hecho de que seamos el único auto a la vista en mucha distancia, no ayudaba en nada.

- Después de llamarla podemos pedir comida al cuarto y alquilar algunas películas, ¿Qué te parece?-

- Vamos…  ya no somos simplemente novios, podes dejar de usar el cuento típico de las películas- dijo mi esposa, y tomando mi mano entre las suyas, me beso la palma con una maravillosa ternura.

Una corta pero sonora risa salio de mi boca, gire la cabeza para mirarla y le dijo: - me descubriste jovencita, ¿y ahora que otra estrategia puedo usar?-

-¡Cuidado!- Grito de repente. El susto me abordo, más aun porque había dejado por un segundo de ver 
al camino para verla a ella. Cuando volví a apuntar mis ojos hacia el frente, dos tenues luces amarillas parecían fijarse en mi. Tenian el tamaño de pelotas de golf pero la mortalidad de dos disparos. Pude sentir como me atravesaban lentamente. En un reflejo, llevado por el miedo y la desesperación, mis manos tomaron con fuerza el volante e intentaron improvisar un giro para esquivar la amenaza. Pero no lo logre, y sin mas preámbulos, el Palio gris resbaló al tocar el extremo de la ruta y se
 incrusto de frente contra un gran árbol que estaba al costado del camino. Recuerdo poco y nada desde mi reacción hasta el choque. Solo se que pude verme a mi mismo, en cámara lenta, impulsado en forma directa hacia el parante izquierdo del vidrio delantero, golpeándome fuertemente la frente. Primero vi todo de un amarillo intenso, tanto que sentía como me lastimaba los parpados. Luego,
 todo se tiño de un infinito blanco y finalmente me inundo un profundo color negro. Me desmayé, y aunque inconciente, recuerdo la sensación de algo humedeciéndome el rostro.



martes, 23 de septiembre de 2008

Cuento

Una Mariposa Violeta

Capitulo 1 de 3: Muerto pero vivo

Apartir de ese día no pude volver a conciliar el sueño. Aquel fatídico dieciséis de mayo de 1998 que cambio de una manera tan brutal mi vida. Desde ese momento me paso las horas buscando una explicación posible, suspirando, mirando a la nada, llorando: sufriendo mi desgracia. Nunca mas volví a reír, ya no se que se siente hacerlo, no creo volver a ser capaz. Deje mi trabajo de profesor de historia en la universidad. Aleje a mis amigos más cercanos con una frialdad similar al cariño que ellos me hubieran ofrecido de haberlo pedido. Casi 

no salgo de mi casa, y cuando lo hago, simplemente es para que mis piernas no olviden el modo de andar, aunque mis intentos solo resulten en lograr caminar unas pocas cuadras. No puedo mirar a la gente a la cara, no puedo hablarles, no puedo aceptar la felicidad ajena. Me volví sumamente egoísta, pero, ¿Quién puede culparme?. Ella merecía vivir, quizás más que yo. Muchas veces pienso en porque no pude morir aquel día yo también. ¿Que Dios, si acaso existe tal cosa, se divierte viendo como una persona normal, recién casada, feliz, con futuros proyectos y sobre todo con mucho amor para dar, puede convertirse en esto que soy ahora?, un ser totalmente oscuro.

Aunque no puedo decir que estoy completamente solo en este naufragio mental. Las mariposas siempre me acompañan. A veces son solo dos, otras veces llegan a ser más de seis. Pero lo importante es que nunca me dejan completamente. Volando a mí alrededor, con sus alas tan violetas, parecieran dejar un rastro de pequeñas estrellas tras su paso. Nunca las vi posarse en alguien más, o en algún otro lugar que no sea sobre mis hombros o mis manos. No se si desaparecen cuando duermo, pues ya no lo hago.

Hace ya una semana, desde el accidente, que cada vez que el cansancio me inunda y los ojos se cierran mas por resolución propia que mía, la oscuridad me ataca. Es un instante, solo unas pocas imágenes hacen su aparición, pero logran en mí un despertar exaltado. En el momento que mis ojos dejan de ver tras mis parpados, comienza la secuencia. Una feliz pareja va en su auto por la ruta en una noche perfectamente estrellada, como cualquier otra. Ella, hermosa. El, terriblemente feliz. De repente dos ojos amarillos se hacen presentes en el camino. Una reacción rápida, involuntaria, la intención de esquivar ese ciervo invasor. Luego, oscuridad pura. Hasta que todo se vuelve rojo, casi carmesí. Y entre ese paisaje más infernal que divino, una figura. Una mujer, hermosa, herida sobre el pavimento, muerta. Y luego, el despertar, la respiración agitada, la transpiración, la tristeza y

 nuevamente: la nada sobre mi pecho.

Y así, siempre el mismo sueño. Logrando empañar mi alma, despertar mis músculos y torturar mi conciencia.

En muchas ocasiones pensé en suicidarme, mas no lo logre. Llegue a la insólita conclusión de que, a pesar de haberla deseado aquel día, le temo a la muerte con todo mí ser. Un viejo proverbio de la historia china decía: “Convencimiento en la mente, temblor en las manos. El miedo juega a ser el Dios del desdichado”, y yo, en estos momentos de mi vida, me siento su juguete mas usado.

Hoy, veintidós de mayo, esta a punto de cumplirse una semana desde aquel día. Resulta increíble, que a pesar del tremendo accidente que sufrimos mi esposa y yo, ella haya perdido la vida y yo simplemente despierte sin herida alguna.

Ya casi no respiraba cuando tome conciencia de lo macabro del asunto, ella estaba dando sus últimos suspiros. Recuerdo, también, que sus ojos achinados, sin brillo, lograron verme. Al hacerlo, movió ligeramente los labios. Pensé que querría decirme algo. A esa altura, ya dos cascadas de lágrimas bajaban desde el cuenco de mis ojos hacia el testigo pavimento. No podía levantarme, lo intente e intente, pero no tenia fuerzas para aunque sea llegar hacia ella. Pero, en fin, algo salio de su boca. No fue palabra alguna, sino una pequeña y bella mariposa color violeta. Volando desprotegida e imperfecta, se alejo de ella para comenzar a moverse a mi alrededor. No solo aquella, sino otras tantas me rodearon bailando.

Quede obnubilado por aquel espectáculo, ayudando mis lágrimas a un juego de luces casi mágicas. Mirando como un niño intente pedirle a mis ojos que sean capaces de verlas a todas a la vez, que muy concentradas hacían una especie de danza ritual junto a mí. Para entonces, mi esposa ya estaba sin vida a pocos metros de donde  yo me encontraba. Logre alejarme de la hipnosis de las pequeñas voladoras y mirar a mi mujer por última vez. Segundos más tarde volví a perder el sentido.

No recuerdo mucho más de aquella noche. Desde aquel momento hasta que estuve en mi casa, con la ropa y alma deshechas, mi mente estaba totalmente en blanco. Me abordo la tristeza. Pensé en que debería llamar a su madre, organizar un funeral, y poner una nota en el diario en su honor. Más no pude hacer nada de eso. Solo ver como de mi herida emanaba sangre que no lograba sacarme la vida, pero si matarme.

Nadie toco a mi puerta ni llamo al  teléfono, igual, no los culpo. ¿Qué puede decirle alguien a un sujeto como yo? a una persona que le paso la peor desgracia que puede ocurrírseme en estos momentos. Nadie me entiende, mejor así, no pretendo eso. La soledad es lo único que necesito ahora.

Trate de apartar todos esos pensamientos y volcarme en lo que estaba haciendo. Desde el amanecer que se me ocurrió sumergirme en mis libros para ver si encontraba algo sobre estas pequeñas e incansables escoltas que me siguen a todo momento. Aunque algo me dice que lo que halle será más leyenda y mito que registro histó

rico.

Y así fue, luego de casi todo el día leyendo, la única definición acorde al tema la encontré en una novela. El portugués Saramago¹ se refiere a las mariposas violetas como a mensajeros de la propia muerte, dando ellas un aviso invisible a los humanos de que su momento estaba por llegar. Siendo su función mas especifica llevar el alma de los difuntos hacia el lugar donde se realiza el juicio divino.

La idea me revolvió el estomago, hizo que la poca comida que había podido comer, decidiera volver a mi boca de un salto. Tenia que pensar una decisión. Si tomar de base una novela que puede ser o no total invento del auto, o remitirme a no buscarles origen a las mariposas que día y noche dan vueltas a mí alrededor.

De ser estas, mensajeras de la muerte, me sentiría más que nunca un juguete para esta. Estando ellas aquí, se deduce que mi fallecimiento tendría que haberse llevado a cabo hace varios días.

Una total depresión me a bordo de repente, me juzgue de desdichado, mi cabeza no podía dejar de pensa

r que la muerte me usaba para entretener sus ratos libre.

Rápidamente supe convertir mi frustración en rabia. Intente golpear a las mariposas con el libro que tenia en mis manos. Aunque no me fue posible, mi improvisada arma las atravesara como si estuviera hecha de aire. Deje la inútil ofensiva cuando comenzaron a dolerme los brazos y a jadearme el pecho.

-Acepta la muerte-

Una voz aguda pero tenebrosa me hizo saltar del susto. Dirigí rápidamente la cabeza hacia el rincón del oscuro cuarto de donde creía haber escuchado esas palabras.

En ese recodo, hasta ahora, siempre vació. Yacía cómodamente un gran trono gastado y putrefacto de un color semejante al del marfil, aunque sucio. No tenía almohadones ni en el respaldo ni en el asiento. Sobre el, con una indiferencia espeluznante, una mujer hermosa de no mas de treinta años me miraba fijamente. Cubierta por un vestido negro con musculosa y pollera larga. Sobre sus hombros se dejaba caer una cabellera plenamente oscura, mientras que sus ojos color carmesí me daban la sensación de estarme partiendo en dos.

Mis piernas comenzaron a temblar. Mis dedos se aferraron aun más a la novela de Saramago. Sentí, en el tiempo de un parpadeo, los labios totalmente secos, casi desquebrajados, mientras una gota de helada transpiración bajaba cautelosamente desde mi nuca hasta la cintura, haciendo un recorrido zigzagueante por mi columna vertebral. 

- Acepta la muerte- Volvió a decir, mientras una sonrisa libidinosa transformaba su rostro en la cosa más macabra que alguna vez haya visto.

El miedo volvió a transmutarse en rabia. Los temblores corporales se expresaron en acciones no pensadas. Mi boca se abrió casi rogando no hacerlo. Las palabras, mis palabras, se apretaban contra mi garganta para no salir al exterior y así, sin exageración, enfrentar a la muerte.

- N-n-no… ¡No pienso hacerlo!- al comienzo fue un tono débil, luego, se convirtió en un grito que aunque desenfrenado, también estaba plagado de seguridad. Y así continué: -No voy a aceptar su muerte, ella no debería haber muerto. Por lo menos no sola. ¡¡Deja de jugar conmigo!!- Y con la fuerza de quien sabe quien, la novela de Saramago volvió a ser arma. Guiada por el impulso de mi brazo, voló hacia el recodo donde la dama de negro me miraba, ahora con ojos redondos, brillantes, verdes, de ciervo.

Al llegar el libro a destino, este golpeo directamente sobre la esquina del cuarto. El trono y su nefasta ocupante habían desaparecido tan rápido como habían llegado, sin dejar rastro alguno, solo una novela abierta boca arriba sobre el suelo.

Todo parecía volver a la normalidad, la oscuridad, las mariposas y yo. Como desde aquel día, como siempre será. Pensaba en ir a ducharme, ya que había transpirado mucho en presencia de mi visitante, cuando otro ruido hizo que mi corazón rebotara en mi interior.

Una risa femenina, burlona, macabra, sonaba por todo el cuarto. Esta vez no pude ver desde donde venia, aunque gire sobre mi propio eje muchas veces. Finalmente logre convencerme, venia de todos lados a la vez. Incesante, la risa no desaparecía. No sirvió de nada taparme los oídos con ambas manos, tampoco cerrar tan fuerte los ojos hasta que llegaran a dolerme. Nada servia. Así que tome el primer abrigo que encontré sobre la percha próxima a la puerta (un sobretodo gris claro), apreté las llaves del departamento entre los dedos de mi mano derecha y corrí (literalmente) hacia la calle. Necesitaba aire fresco o me volvería loco, si es que ya no lo estaba. 

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Introducción

¿Cómo hacer una introducción de algo que realmente no se en que va a terminar?. Ni siquiera se a ciencia cierta que puede pasar después de estas palabras.

Todo se vuelve muy relativo y vertiginoso cuando la voluntad, el tiempo y la creatividad juntan sus espaldas, levantan la guardia e intentan rechazar, o al menos, dar lo mejor de si en la lucha eterna contra el mundo, el resto, con sus variables e infinitas facetas opresoras.

No doy a conocer mis objetivos al crear este espacio, ya que me conformaría con menos, pero soñaría con mas.

Creo que, simplemente, enumerare las cosas que podrán encontrar aquellos a los cuales los buenos vientos del mar cibernético llenen sus velas y los arrastren hasta esta, mi isla.

El plan es sencillo, realizable y anhelo, sea seductor. A veces después que antes y otras antes que después, subiré algo de mi autoría. Llámese algo a capítulos de un cuento, poesías, descargos, reflexiones, comentario o locuras sin diván. En otras palabras, la net le mostrara, al que lo quiera ver, lo que mis ojos leen, que mi mano alguna vez escribió, que mi cabeza, en alguna ocasión le contó.

Sin más que introducir.

Bienvenidos.

Espero sea de su agrado.

Tubecuentos.